lunes, 23 de septiembre de 2013

López Narvaez, Concha. Jimenez, Juan Ramón. Ilustrador: Maier, Ximena. Platero y yo. Madrid. Anaya. 2006. A partir de 8 años.

Concha López Narvaez: Nació en Sevilla en 1939. Es licenciada en Filosofía y Letras. Durante algunos años se dedicó a la enseñanza, y actualmente escribe para niños y jóvenes. Entre los premios que ha ganado se encuentran el Lazarillo en 1984 y 1986; el CCEI en 1986 y 1989; y fue finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1985, 1986, 1987 y 1990.
Juan Ramón Jimenez: (Moguer, 1881 - San Juan de Puerto Rico, 1958) Poeta español. Su lírica evolucionó desde las últimas derivaciones del modernismo hacia una poesía a la vez emotiva e intelectualista. Aunque inicialmente quiso ser pintor, pronto se orientó hacia la poesía, animado por la lectura de Rubén Darío y de los escritores románticos. De carácter melancólico y depresivo, la repentina muerte de su padre le causó fuertes crisis nerviosas que lo obligaron a pasar largas temporadas en sanatorios de Burdeos y Madrid. Entre 1905 y 1912 el autor vivió en su pueblo natal, entregado a la lectura y admirando la vida campesina andaluza. Este acercamiento al mundo rural se tradujo en un nuevo sentimentalismo que, sin abandonar la languidez inicial, se enriqueció con impulsos apasionados y juveniles. En los escenarios crepusculares de pálidos jardines, decadentes ensueños y estancias silenciosas, aparecieron por primera vez colores brillantes e imágenes de mujeres. Durante este periodo escribió varios volúmenes, entre ellos Platero y yo. 

Platero y yo es la historia de un hombre y su burro.  Los dos iban juntos a todas partes, o a casi todas, y, mientras tanto, charlaban de las cosas sencillas y profundas de la vida, de las cosas del corazón. Era el hombre el que hablaba, claro, pero el burro lo escuchaba con cariño, atentamente.  Los dos vivían en un pueblo de Andalucía, caminito de Huelva, que se llama Moguer. En aquel lugar, la mayor parte de las casas son bajas y blancas y tienen geranios y claveles en todas las ventanas. Es un lugar alegre, y el aire huele  a pinos y a mar, a limoneros y naranjos en flor.  El hombre se llamaba Juan Ramón Jiménez y era poeta. El burro se llamaba Platero, y, de tanto oír a su dueño, también acabó siéndolo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario